Las pupilas dilatadas que no reaccionan a la luz son un peligro. Usar gafas de sol después de aplicar las gotas es un pequeño esfuerzo que puede proteger tus ojos de daños graves y permanentes.
La vista nos proporciona más del 80% de la información sobre nuestro entorno. Por eso, es muy importante cuidarla durante toda la vida.
A veces tú o algún ser querido acude a exámenes de control de la vista. Estos pueden incluir la aplicación de gotas. Las gotas dilatan las pupilas, lo que permite examinar los ojos en detalle. Sin estas gotas, el examen no sería posible.
Las gotas hacen que las pupilas permanezcan abiertas sin importar la intensidad de la luz. Este fenómeno se denomina científicamente parálisis temporal del músculo esfínter de la pupila. Después de unas horas, este efecto desaparece y las pupilas vuelven a reaccionar a la luz.
Las pupilas regulan la cantidad de luz que entra en el ojo. La luz es energía: cuanto más luz, más energía absorbe la retina. Las normas de seguridad determinan cuánta energía es segura para la vista. Después de aplicar las gotas, los ojos son más vulnerables a los efectos dañinos de la luz. La fuente más potente de luz en nuestro entorno es el sol. El sol emite una poderosa energía que puede dañar la retina. En condiciones normales, la pupila contraída protege contra la luz solar, pero después de aplicar las gotas, esta protección natural queda desactivada. Para proteger los ojos después de aplicar las gotas, basta con usar gafas de sol. Esta sencilla acción puede prevenir daños en la vista. Es importante que informes a los demás sobre este riesgo.
Acceso a materiales de video y audio, junto con transcripciones disponibles en 24 idiomas. Las declaraciones oficiales emitidas por los Ministerios de Salud y otras autoridades competentes en salud pública también están disponibles en sus respectivos idiomas nativos.